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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Momentos Truman III (Mi primera vez)


Nota del autor: Este post, además de ser publicado aquí en “No hay dos sin ti” como uno más de la serie de mis singulares Momentos Truman, será publicado también a modo de colaboración extraordinaria en el blog de mi amigo Peter Parker. Autor del blog “Los miércoles fotográficos”.

Mi primera vez ha sido este verano. Ya sé, ya, tal vez estoy algo machuchito para ir descubriendo estos territorios, pero la verdad es que antes no me había surgido la posibilidad, ni tan siquiera había llegado a pensar en ello. Todo fue porque un amigo me hizo el ofrecimiento, al que luego acabaría sumándose también su pareja (mujer). Bueno, mejor empiezo desde el principio que me da que os estoy liando un poco.

Mi amigo E.P.S. (me referiré a él a partir de ahora como “S”) (siempre he querido utilizar esto de las iniciales) estaba de vacaciones y buscaba alguien con quién ir a la playa. Yo, con mis vacaciones forzosas (estoy en paro) era el candidato ideal. Debo advertiros de que mi amigo “S” es asiduo a las playas nudistas, por el contrario yo nunca había ido a ninguna y la verdad que tenía curiosidad por probar a ver (no penséis mal) qué tal. Esa mañana habíamos estado concretando la hora de la quedada, y poco antes de la cita me llamo “S” para decirme que “Y”, su novia, también venía. Yo dije: - ¡Vale! No es que estuviera especialmente entusiasmado, es que no quería parecer menos “open mind” de lo que me tiene considerado mi amigo. Y a decir verdad, pensaba que la presencia de “Y” cambiaría el destino final de nuestro día de sol y playa.

“S” e “Y” vinieron a por mí, comimos y nos fuimos hacía la playa de Canet de Berenguer. Yo seguía teniendo algo de esperanza de que fuéramos a una playa convencional, pero conociendo a “S” no las tenía todas conmigo. Llegamos a la playa y en efecto, se trataba de la nudista. Bueno, me dije, no es por no ir, sí hay que ir se va, pero ir “pa ná” es tontería. Así que casi sin darme cuenta, en un tris, estaba con mis pompas blanquecinas y mi cancamillo (hacía fresquito) al aire. Yo me aferraba mentalmente a la posibilidad de que ella se quedará sólo en top-less. Joder, vale que todo el mundo esté en pelotas, eso me da igual, pero justo a mi lado y con “S”, que muchos no lo conocéis, pero su único tema de conversación es el sexo, hacía que me preocupará la posibilidad de que mi cancamillo (repito, era por el fresquito) se convirtiera en un renovado Capitán Pescanova o en un poderoso Darth Vader, cabezón como él sólo.

Ahí, a dos metros de la orilla estaba yo quitándome pausadamente la camiseta, como si de un anuncio de colonia se tratara, mientras miraba de reojillo qué se cocía detrás de mí. A “S” le había faltado tiempo. ¡Coño! un poco más y me lo veo con la colchoneta bajo el brazo listo para entrar en el agua, claro está, como Dios le trajo al mundo. Por el contrario ella ¡llevaba bikini! Aleluya pensé, pero cuando volví a abrir los parpados después de suspirar y como por arte de magia, éste había desaparecido. Vale me dije, concéntrate tío… El mar, las olitas y el fresquito de la brisita… Divino fresquito… Pero mierda, no parecía ser suficiente… Chicos, dije, me voy al agüita… ¡Salvado! (por ahora). Después de un buen rato a remojo, cuando estaba más arrugado que los abuelos de “Cocoon” salí del agua. Pensé que ya había pasado el momento crítico, ahora a tumbarse en la toallita y dejar que pasase la tarde.

Fue entonces, cuando ya creía tener a la fiera domesticada, cuando “S” empezó con su cháchara habitual. Su conversación en esta ocasión versaba sobre el paso por la peluquería de las partes íntimas. Claro, cuando las sacas a menudo de paseo por la playa son cosas que debes tener en cuenta. Yo, como soy un tío consecuente, llevo melena arriba y abajo, pero él prefiere el look de Kiko y Coto Matamoros. Hasta ahí bien, pero entonces empezamos a hablar de si ella prefería la permanente o bien los looks más transgresores. Naturalmente os podéis imaginar que la conversación iba acompañada de explícitas explicaciones e indicaciones sobre el terreno. La verdad que personalmente no tenía ningún problema con la conversación, hasta puedo decir que fue ilustrativa y enriquecedora, pero mi otro yo, el del casco de alemán, no pensaba lo mismo. Manzanero, Carrete, Bonhof, Castellanos, Saura, Kempes, Lobo Diarte, ¡Y LAS MADRES QUE LOS PARIERON! Concentrarme en recordar la alineación del Valencia C.F. de la temporada 79-80 parecía ser el último recurso que me quedaba, mientras ponía cara de prestar una profunda atención y esperaba que pasaran los segundos hasta que pudiera oír eso de: ¡PRUEBA SUPERADA!

Al rato, ya no debía quedar mucho para que arreplegáramos los trastos, la sombrilla y todo el kit dominguero-playero, cuando “S”, sin darme apenas un respiro, derivaba la conversación hacía el tatuaje tribal que su chica lucía en la parte baja de la espalda. Pensé que llegábamos al final y que se trataba del doble o nada. Había superado las pruebas anteriores y al fin y al cabo habíamos venido a jugar, ¿no? Me dije, leñe, esto pasa todos los días. ¿Qué hay más natural que una erección? Los hombres las tenemos de buena
mañana, de media mañana, al mediodía, por la tarde, en los semáforos, en la oficina…, así que, por qué no en la playita nudista con mi amigo y su novia, ¿no? “S” e “Y”, creo que no os enterasteis, pero fue excepcional, que maravilla, en la vida pensé que fuera a pasarme a mí. Allí, en un precioso atardecer junto al mar lo logré. Sí la joroba de Ángel Cristo le permitiera levantar la cabeza estaría orgulloso de mi. Esa tarde domé a la fiera, Luke doblegó por fin a Darth Vader. Y yo podría, como así hice, volver a la playa nudista vacunado contra cualquier tipo de adversidad.

Otros Momentos Truman:



martes, 4 de agosto de 2009

Momentos Truman II























Siempre, desde que nuestras vidas se cruzaron, hemos mantenido una relación de amor odio. Yo lo conocía de algunas ocasiones en que realizamos recados juntos cuando era de mi hermano. Por entonces me parecía un trasto, pero quién me iba a decir que acabaría en mis manos. Estoy hablando de mi coche, de mi R11 (Renault 11).

El año pasado cumplió 20 años, entonces estuve tentado de dedicarle un post por su onomástica, pero suerte que no lo hice porque no hubiera podido implementar mi serie de los Momentos Truman con las escenas inverosímiles en las que me he visto involucrado con él.

De un coche de casi 21 años se puede esperar que te dé cantidad de problemas mecánicos, hasta ahí de acuerdo, pero no sé que tiene el cabrón que siempre me deja tirado en los peores y más complicados lugares. Sospecho que se debe a la frustración de la estrella que nunca fue. Su paso fugaz por el cine le dejo marcado, nunca tuvo el reconocimiento y la admiración que recibieron los BMW y Aston Martin. Porque no sé si conoceréis que un R11 aparecía en una impresionante escena –impresionante para la época- de ni más ni menos que una de las pelis de la saga de 007, en concreto en “Panorama para matar”, cuando Roger Moore interpretaba a Bond, James Bond.




Como ya os he dicho el afán protagonista de mi “troncomóvil”, como yo lo llamo cariñosamente, me ha deparado situaciones embarazosas. En concreto recuerdo dos de las lights en las que me dejo tirado en horas punta. Una fue en la calle San Vicente esquina con Plaza España, a la entrada del centro de la ciudad, cuando me dirigía a currar a primera hora de la mañana y el tráfico estaba en pleno apogeo. La segunda fue otro día volviendo a casa al salir del trabajo. En esta ocasión fue en la Plaza Zaragoza, en plena rotonda al final de la Avenida Aragón, con dos cojones tirado en una encrucijada de tres avenidas importantes. Esto podrían parecer avatares normales de cualquier coche viejecillo, pero no es así, os lo aseguro.

La edad en un vehículo te hace llevar precauciones extras de las normales, por eso en un viaje que hice hace algunos años a Toledo, lleve a mi Panzer, como también lo llamaba por la similitud de color con los vehículos del Afrika Korps de Rommel (friki que es uno), al taller a que le dieran un repaso. Con el carro totalmente apunto y resplandeciente puse rumbo a la mancha cual Don Quijote. A mitad de camino empezó a chispear, por lo que active mis limpiaparabrisas y a los pocos minutos uno se bloqueo y atrofio el otro. Yo que había sido previsor empecé a cagarme en todos los muertos del que proyecto el coche. Seguía por la autopista rezando que no descargará en tromba porque no vería ni torta, aunque en esos instantes, gustoso hubiera estrellado el coche. Por suerte, antes de que apretara la tormenta, pude localizar en una vía de servicio un taller de tractores donde con unas vueltas de tuerca me solucionaron el problema y pude seguir viaje sin más contratiempos. Eso sí, con el susto en el cuerpo. Si Sancho hubiera dispuesto de esas llaves Allen probablemente Don Quijote no hubiera encumbrado a Cervantes como lo hizo.

Aquí no terminan mis sobresaltos, todavía quedan los dos mejores y la verdad que no sé por cual continuar porque los dos son jugosos. En fin, creo que lo haré cronológicamente, así os haréis una idea del deterioro mecánico y de confianza que fuimos sufriendo. Volvía de nuevo un día a casa y con el indicador de la gasolina marcando la reserva. La verdad que llevaba un día así, pero no había consumido ni de cerca los 50 km que dicen te deja de autonomía. El caso es que cuando atravesaba un túnel en pleno centro de la ciudad empezó a fallar el motor. El efecto era como esos en la pelis de aviones donde el motor empieza a ronronear y el piloto trata de que se mantenga funcionando lo suficiente para que le dé tiempo a realizar un aterrizaje de emergencia. Era eso mismo pero con el conductor, un servidor, haciendo fuerza para no quedarse en el túnel con el peligro que ello entrañaba. Cuando parecía que estaba todo perdido vi la luz al final del túnel, nunca mejor dicho. La salida del mismo se aproximaba y creía que lo iba a lograr. Empecé a subir la pendiente y entonces, estando casi fuera y llegando a la horizontal de la calle, aquello dice que no va más… Caemos en picado y sin paracaídas. Menudo mogollón me esperaba, como se diría ahora… La había liado parda. Señalice el coche con los triángulos y las luces de emergencia, cogí un taxi cagando leches, pille gasolina, volví y cuando estaba cargándola en el depósito aparecieron dos coches de la policía local. Éramos pocos y parió la burra. En ese momento me acordaba de la canción de Eskorbuto que dice eso de “…mucha policía, poca diversión…”



Los polizontes fueron muy respetuosos, pero se les notaba en la cara que pensaban en qué coño hacía un tipo con una garrafa de gasolina en la mano y el coche parado en plena rampa de salida del túnel. Explique la situación al tiempo que les indicaba que el triángulo que advertía de mi situación, unos metros atrás en el túnel, había sido atropellado unos minutos antes de su llegada. En ese momento empezaron con su jerga policial de códigos, que de verdad en todo el trasiego que llevaba fue lo que me puso nervioso de verdad. Me espetaron a que tratará de arrancarlo. En ese momento giré la llave del contacto y nada… Se me pasaba por la cabeza la escena de Carlos Sainz mientras Luis Moya le decía eso de: “… trata de arrancarlo Carlos, por Dios, trata de arrancarlo”. La cosa había pasado de parda a negra negrísima… Al final como en los finales más insospechados el coche es el que salva a Bond y mi R11 en un último intento a la desesperada arranco. No me lo podía creer, pero lo que menos podía creer es que la policía me dejará marchar sin más. Eso o que no les di tiempo ni a pensar en el marrón que me iban a meter, porque fue arrancar, sacar medio cuerpo para decir lo evidente de que ya funcionaba, meter primera, soltar embrague y ruedas para que os quiero. Tiempo después me dijeron que lo que paso se debía a los sedimentos (la mierda) que había dejado la gasolina en el depósito, que con coches tan viejos no es bueno apurar la reserva porque se obstruye el paso de la gasolina.

La segunda y última aventura ocurrió el día que tenía la entrevista de trabajo más importante para mi futuro reciente. Hacía un par de meses que me había quedado en paro, pero llevaba desde antes de perder el empleo en contacto con una importante empresa para incorporarme a ella como responsable de marketing. El caso es que el día en cuestión tenía una última entrevista con el director de la empresa. Me habían invitado a comer en un restaurante del Parque Tecnológico de Paterna a unos 20 km de la ciudad. Me dirigía hacía allí con antelación porque había coordinado una reunión de un trabajo puntual que llevaba por mi cuenta. Salí de casa tranquilo con los nervios templados y la lección aprendida para dar la mejor impresión posible y que así el puesto, que ya sólo estaba en liza entre yo y otra candidata, fuera finalmente mío. Al poco de dejar la ciudad ya en el autovía empecé a notar algo raro en el coche, por mi cabeza paso un pensamiento fugaz que se traduciría en un: … hoy no, por favor hoy no. Pero sería que sí, hoy sí. Del capo del motor empezó a salir humo y parte se filtraba hacía el interior del vehículo, al tiempo que un líquido se filtraba por la moqueta… Dios por un segundo me vi como un monje budista quemándose a lo bonzo. Si ese día no entre en pánico creo que nunca más lo voy a hacer. Detuve el coche en el arcén de la carretera y salí cagando leches de él pensando que en un segundo estallaría en una nube de humo y que yo saldría despedido por la onda explosiva unos cuantos metros. Pero nada de eso paso, el humo se disipo y cuando me atreví a acercarme al coche allí sólo quedaba el líquido impregnando la moqueta. No sé qué coño era pero al menos de gasolina no se trataba. El tipo de la grúa que me recogió, de los que ya conozco a la mitad del personal que trabaja en la provincia de Valencia, me dijo que si era humo blanco no se trataba de fuego, que sería algo de la calefacción. Efectivamente, así lo corroboró el mecánico al que hago rico, me vino a decir que o me abrigaba dentro del coche ese invierno o se compraba un segundo apartamento en Benidorm a mi costa. Después de todo siempre he preferido el invierno al verano y si éste lo paso sin aire acondicionado quién necesita calefacción, ¿no?

El trabajo no fue mío, aunque tampoco de la otra candidata. La crisis es lo que tiene que modifica los planes de cualquiera. Quizás mi R11 quería evitarme el engorro de una incómoda comida de la cual nada sacaría excepto degustar un impresionante solomillo. No lo sé, lo único que puedo afirmar a día de hoy es que nuestra relación ha llegado a su fin. Un par de desplantes suyos tienen la culpa. Empezó por dejarme sin frenos y después se empeño en bloquearlos, eso y tres visitas seguidas al mecánico más rico de la ciudad me convencieron que era hora de cambiar. Puedo vivir sin aire acondicionado, sin calefacción, pero aunque ahora soy más echado para adelante que nunca, no soy, ni seré un hombre desenfrenado. Espero que nos veamos en el futuro, y que tal vez algunas de sus partes acaben formando la estructura de la moto que en sueños pienso en agenciarme cuando vuelva a ser un hombre de provecho con un empleo estable. No lo sé, en cualquier caso debo darle las gracias por llevarme a todas partes menos al cielo.


Para terminar un par de webs curiosas:

martes, 7 de abril de 2009

Momentos Truman


























La verdad que no recuerdo exactamente cómo surgió esto de los Momentos Truman. Tal vez lo leyéramos en alguna parte, tal vez nos lo dijera alguien y el tiempo ha hecho que crea que se trata de una invención propia. La verdad es que no lo sé, pero mi memoria me remonta al estreno de la película El Show de Truman, ya que es de ella de donde surge tal denominación. La cual, si no estoy equivocado, fue fruto compartido del ingenio de la que ahora es mi ex-mujer y del mío propio. La empleábamos para calificar esas circunstancias que la vida en ocasiones te genera, esos momentos de lo más inverosímiles en los que llegas a pensar que lo que te está sucediendo no te puede estar pasando realmente. Esos instantes en los que piensas, un poco paranoicamente, que debe haber una cámara oculta en alguna parte grabándote para algún reality de televisión, o que se trata de algún plan orquestado por un ente superior para que no hagas o no lleves acabo aquello que te traes entre manos. Hay quién calificaría estas escenas como fruto del destino, de la mala suerte o qué sé yo. Nosotros simplemente los bautizamos como los Momentos Truman.


A continuación os relato el último Momento Truman que he tenido:


Hace unas semanas se me hizo realidad el sueño de todo hombre. Bueno, no se trataba del que se te aparezca en la cama, completamente desnuda y dispuesta a cumplir todos tus deseos, Scarlett Johansson. Más bien estoy hablando del sueño de todo ser humano, el de que un cajero automático te de pasta gratis. Sí, no me estoy quedando con vosotros, eso mismo me ocurrió hace bien poco.


Llovía a cantaros y tenía que ir a un marrón por un tema del paro y sinceramente me tocaba los “piiiiiiii” tener que salir con ese día de mierda. El caso es que pensé en aprovechar la salida tarde-nocturna para sacar pasta del cajero. Por la calle no se veía a ni Dios, y no precisamente por la escasa visibilidad que provocaba la cortina de agua que caía, si no porque no había Cristo que pudiera andar por la calle si no era remando. Salvo claro está un servidor, que mientras se chopaba no podía ni imaginar que se iba a encontrar en breves instantes con 3.000 € como llovidos del cielo.

Llegue al cajero y ya de pronto, junto a una de las bocas donde se hacen ingresos, me encontré 50 €. Miré a un lado, miré al otro lado y pensé que si en el rato en el que hacía mi transacción no sé presentaba nadie reclamándolos se iban directos a mi buchaca. Al momento de introducir mi tarjeta en la ranura del cajero éste empezó a pitar de manera extraña y de pronto se abrió ante mí una portezuela de la que, como en bandeja de plata, salió un fajo de billetes doblado sobre sí mismo, de tal forma que parecía que iba a ceder a la presión y que los billetes de 50€ acabarían saltando por los aires. Imaginaros mi careto en ese momento, creo que en la vida he abierto tanto los ojos, estaba realmente alucinando. De inmediato empecé a pensar que iba a hacer. Cogería la pasta y correría como llevado por el demonio o esperaría al menos a que el cajero me devolviera la tarjeta.

Yo siempre he pensado que si hubiera sido ladrón sería de esos tipos inteligentes e infalibles que salen en las pelis. Uno de esos de guante blanco de los que, si no fuera por la mierda del cine comercial, acabarían llevándose el botín y ganándole la partida al poli guapetón de turno.


Con este perfil os haréis una idea de que era inevitable que comenzará a pensar en todo. Que si la cámara del cajero me graba, pero hasta cuándo y hasta dónde. Que si el cajero dejará registrada las transacciones y tal vez puedan averiguar que yo introduje la tarjeta a esa hora. Pero, ¿registrará también el error de entregarme semejante montón de pasta?

Las ideas y las posibilidades de ser descubierto volaban por mi cabeza mientras una gota de sudor frío caía por mi espalda. Fue justo en ese momento cuando lo vi. Se trataba de Tim Roth metido en su personaje de botones en Four Rooms, al que, después de pasar mil penalidades en los numerosos Momentos Truman en los que se ve envuelto, se le presenta por fin la oportunidad de cambiar su suerte y acaba como diciéndose a sí mismo: Qué coño, cojo la pasta y salgo por patas. Y eso es lo que tal vez hubiera hecho otro, pero como bien he dicho antes no elegí ser ladrón sino más bien uno de los polis de turno, que no por guapetón pero si por honrado y aunque no libre de la tentación, trata de hacer lo correcto porque es lo correcto.

Si os ha gustado en breve continuaré la serie de mis Momentos Truman con otras escenas más esperpénticas si cabe aún.



  • Como se hizo el muñeco de vudú en 20 pasos:


  • Si quieres descargarte un fondo de pantalla "Momento Truman", puedes hacerlo desde aquí.

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